Todo comenzó cuando Julián, recién graduado de la universidad, no encontraba una oportunidad laboral.
En lugar de rendirse, decidió emprender junto a Catalina.
Con mucha ilusión empezaron vendiendo blusas y entregando personalmente cada pedido en transporte público, convencidos de que el esfuerzo de ese momento sería la base de algo mucho más grande.
Con la llegada de la pandemia, decidieron adaptarse y apostarle por completo a las redes sociales. Ese cambio marcó un antes y un después. Poco a poco comenzaron a diseñar y fabricar sus propias prendas, escuchando a sus clientas y creando colecciones pensadas para mujeres que buscan verse bien, sentirse cómodas y expresar su personalidad.